“Así estamos…” Septiembre 2017

Una mirada al mes de septiembre…

Hubo extremos, algunos deleznables, en la forma de asaltos principalmente, pero la enorme mayoría de solidaridad. También en general, hubo sintonía entre gobierno y sociedad. Han sido fundamentales, otra vez, las Fuerzas Armadas que, en el auxilio en casos de desastre, tienen el principal asiento de su legitimidad. Aunque con menor reconocimiento público, también esenciales resultaron las labores de contención y vigilancia de las policías. Ahora se requerirá una política de reconstrucción masiva de vivienda: sumando los dos temblores, 154 mil dañadas o perdidas… y de escuelas: casi 13 mil dañadas y alrededor de 600 que deberán reconstruirse. Y de empleo. Y de transferencias directas y continuas a regiones y poblaciones, marginadas de siempre por un sistema económico y político que las asfixia. Es la única manera de proyectar institucionalmente la solidaridad que inevitablemente se irá diluyendo. De vuelta a lo obvio, de la política social dependerá la endeble estabilidad del país.

Para enfrentar los obstáculos de la dura etapa que viene, el gobierno federal haría bien en verse al espejo: su ortodoxia financiera, sus insuficiencias operativas y la corrupción rampante de los últimos años, resumidas en un nivel de aprobación presidencial del 16% (GEA-ISA). Lo que hoy se requiere, sensibilidad y eficacia, no han sido las marcas del sexenio. A lo que se suman los encargados de la revuelta interminable, como se ocupó en recordarnos la CNTE, con sus disturbios, bloqueos, quemas de camiones y el ataque a un helicóptero oficial en Oaxaca. Pero la oportunidad ahí está. Ante la magnitud de las necesidades de reconstrucción, cobró rápidamente fuerza el reclamo para disminuir el financiamiento público a los partidos para las que serán las elecciones más costosas de nuestra historia. No habrá mejor momento para establecer nuevos límites al gasto electoral. En los “debieras”, porqué no también reducir el gasto de los Congresos, el federal y los locales, y los presupuestos de propaganda oficial. No significarían ni de lejos una reforma presupuestal, pero al menos serían los mensajes políticos adecuados.

Sin que nadie sepa a bien qué significa, avanza otro mensaje, o eslógan, el de un “Frente Ciudadano por México”. Aparte el nombre, no es una alianza original, aunque sí exitosa. A manera de contexto, cabe recordar que cuando López Obrador encabezaba al PRD, en 1999, ganó Nayarit en alianza con el PAN. En los últimos dos años esta alianza ha ganado en todas las elecciones en las que se ha presentado: Durango, Veracruz, Quintana Roo y otra vez Nayarit. Hasta ahora con probables desprendimientos menores de panistas asociados a Calderón y de un número indeterminado de perredistas hacia MORENA, el cual se estima pueda llegar a un tercio de sus simpatizantes (Mitofsky), y con Ricardo Anaya como su más probable candidato, el Frente buscará mantener al PRI en el tercer lugar para luego enfrentar a López Obrador a lo largo de su mismo discurso anticorrupción y de atención a la pobreza. En cuanto a las candidaturas a los gobiernos estatales, cabe suponer que las de Guanajuato, Puebla y Yucatán, irían al PAN; que la Ciudad de México, Tabasco, Morelos y Chiapas, irían al PRD; y que la de Jalisco iría para el Movimiento Ciudadano. Veracruz quedaría en veremos, dada la animosidad entre el actual gobernador “aliancista” y Dante Delgado, dirigente del mal llamado “Movimiento”.

La ruta del PRI sería debilitar al Frente (entre otras cosas, cuestionando la honestidad de Ricardo Anaya), y sumar a suficientes panistas, centristas e indecisos, para terminar en una confrontación con López Obrador. Muy cuesta arriba, sin duda. A los retos de la reconstrucción y de la violencia cotidiana, se suma el estigma de su propia corrupción. Probablemente, la manera en la que diversas secretarías de Estado utilizaron a instituciones de educación superior para simular servicios y desviar miles de millones de pesos, no será el último botón de muestra.

La economía, ya de por sí amenazada por la incertidumbre del TLC y la certidumbre de la inseguridad, se arrastra con una tasa de referencia del 7%, que la mayoría de los analistas considera se mantendrá al menos hasta agosto del próximo año. El sector agropecuario ha reducido su crecimiento, continúa la caída de la actividad minera y hay un menor crecimiento del sector servicios (INEGI, Indicador Global de la Actividad Económica). En cuanto a consumo, algunos indicadores de desaceleración son la caída en agosto del 6.5% en la venta de automóviles y del 2.5% en las tiendas departamentales (ANTAD). El promedio de los pronósticos de crecimiento de la economía para el año completo, antes de los temblores, era de 2.1% (encuesta de Citibanamex).

En suma, el crecimiento promedio del sexenio habrá sido de 2% o ligeramente arriba (similar al de los sexenios de Fox y Calderón). Pero hay diferencias. Una de ellas es la inversión física. Aunque en los sexenios anteriores creció, en 2015 y 2016 disminuyó y, en el primer semestre del año, cayó casi un 23% respecto al mismo periodo del año pasado.

Pero no todo baja. En el presupuesto para el próximo año, magnánimo en recortes, se propone que el Ejército y la Armada reciban un 17% más que el 2017. Se entiende por lo tanto que esa es la vía por la que opta el gobierno para enfrentar la crisis de inseguridad, documentada en estos días por la Encuesta Nacional de Victimización y Percepción sobre Seguridad Pública (ENVIPE), relativa a los delitos cometidos en el 2016:

Un total de 31.1 millones de delitos con 24 millones de víctimas. Esto es, casi uno de cada tres adultos fueron víctimas de algún delito. Más del 90% no denunció.

Algunos delitos alcanzan ya el rango de epidemia: ocho millones de mexicanos padecieron extorsión telefónica, y medio millón presencial.

Respecto a los datos de percepción de seguridad pública, mismos que fueron recabados por la ENVIPE entre marzo y abril de este año, la inseguridad es lo que más preocupa a los mexicanos: seis de cada 10 personas consideran que es el tema más importante.

Por eso, en el Indice Global de Competitividad del Foro Económico Mundial, entre 138 países, México ocupa la posición 135 en “penetración del crimen organizado”, la posición 130 en cuanto a “confiabilidad de las policías”, la 130 en cuanto a “costos a negocios por violencia y crimen”, y el puesto 125 en el concepto de “desviación de los fondos públicos”. En el sótano pues. Estas y otras variables del Indice se agrupan bajo el concepto “Instituciones”. Y sí, ése es precisamente el tema.

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