Ya pónganse las pilas…

Los niveles críticos de inseguridad que padecemos todos los mexicanos son una realidad que, de no cambiar, representarán un riesgo para la estabilidad del país. De acuerdo con cifras oficiales, en octubre se alcanzaron 2,371 homicidios dolosos, convirtiéndose así en el mes más violento desde que se cuenta con registros. Si el Programa Nacional de Seguridad Pública para este sexenio tenía como meta alcanzar en 2018 una tasa de 12.8 homicidios por cada 100 mil habitantes, como vamos, es muy probable que esta tasa quede en casi el doble al término del presente gobierno.  Además, todos los delitos de alto impacto, como el secuestro, la extorsión o el robo con violencia, tienen también una marcada tendencia al alza.

 

Ante este panorama, es urgente que a nuestras policías se les dé especial atención, porque son, junto con la política social, el fundamento de cualquier estrategia de seguridad. Sin embargo, gobiernos y sociedad, no les hemos dado la importancia que deben tener. No podemos resignarnos a que sean las Fuerzas Armadas las encargadas de la seguridad pública. Quienes proponen legislar en esa dirección, pretenden ocultar los riesgos políticos que dicha legislación implicaría, además de que, al contar con el expediente militar, las autoridades federales y los gobernadores continuarían evadiendo su obligación y su responsabilidad en materia de desarrollo policial.

 

En Causa en Común hemos pugnado de manera permanente a favor de que se garanticen mejores condiciones de desarrollo, profesionalización y supervisión en beneficio de nuestros policías. Sin embargo, la evaluación que hicimos para verificar el cumplimiento de los estándares mínimos contenidos en la ley, el índice de Desarrollo Policial (INDEPOL), arrojó que ninguna corporación en el país a nivel federal o estatal, ninguna, cumple con dichos estándares. Con estos resultados, el subdesarrollo y, en algunos casos, el colapso de las policías de nuestro país, está acreditado y medido (http://causaencomun.org.mx/v2/reportes/)

 

El INDEPOL, más allá de poner en evidencia la crisis por la que atraviesan las corporaciones policiales del país, es un ejercicio que ofrece una hoja de ruta para el desarrollo policial; es decir, identifica qué áreas son las que están fallando, las que presentan mayores deficiencias, y las que por lo tanto deben atenderse a fin de alcanzar los estándares mínimos de desarrollo policial. No deja de ser aleccionador que, mientras algunos funcionarios se sienten agredidos por el INDEPOL, han sido múltiples las muestras de apoyo al diagnóstico por parte de los policías de todo el país. En este sentido, la encuesta que Causa en Común realizó a miles de policías, pone de manifiesto las precarias condiciones en las que laboran y viven. Es con ellos, y con la ciudadanía, que están en deuda el gobierno federal y todos los gobiernos estatales.

 

Hay propuestas ya sobre la mesa, todas dirigidas a construir un sistema nacional de seguridad pública funcional y eficaz. En lugar de seguir cargándole la mano al Ejército y a la Marina, en lugar de enojarse ante la crítica, en lugar de acosar a organizaciones de la sociedad civil, en lugar de olvidar a las instituciones que deben cuidar, en lugar de recetarnos las vaguedades de siempre, nuestros mal llamados gobernantes y los partidos políticos deberían conocerlas, estudiarlas y ponerlas en marcha. Si quieren nuestro voto, que se arremanguen y se pongan a trabajar. En cambio, si no reconocen y enfrentan la crisis de inseguridad y violencia por la que atraviesa el país, no van a tener mucho espacio ni condiciones para gobernar. En serio, ya pónganse las pilas.

 

* Colaboró: Ángel Tonatihu Arias Blanco, Investigador de Causa en Común.


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